Los países corruptos son los que más leyes anticorrupción han creado, pero está claro que la corrupción no se acaba con más normas y leyes, sirven pero también hay que cambiar la cultura, el problema está en la formación, en la educación y en el ejemplo. Una iniciativa estimable para realmente derrotar la corrupción y cortarla de raíz en beneficio de las nuevas generaciones, debe ser con la sanción social.