Colombia afronta la nueva fase de El Niño con una ventaja concreta: sabe con anticipación lo que puede venir. El IDEAM precisó la probabilidad de que el fenómeno gane intensidad y XM llamó a actuar cuanto antes para preservar la confiabilidad del sistema eléctrico, en semanas de más calor, menores aportes hídricos y una demanda de energía en máximos. Leídos sobre la tendencia regional que la OMM ya documentó, esos datos son, ante todo, una oportunidad para la ingeniería: incorporar el clima en el diseño de la infraestructura, y no solo en su operación.

69%
Probabilidad de un El Niño “muy fuerte” entre octubre y diciembre de 2026
IDEAM · 13 ago
79,99%
Embalses al cierre de julio, por debajo de la senda CREG (81,88 %)
XM
59,94%
Aportes hídricos frente a la media histórica en agosto
XM
61%
De la capacidad instalada en operación es hidráulica
XM · Recursos
+0,26°C
Calentamiento por década en Sudamérica (1991–2025)
OMM
2,4×
Aceleración del deshielo glaciar durante El Niño
IDEAM

El 13 de agosto de 2026, el IDEAM actualizó su lectura de El Niño: hay una probabilidad superior al 90 % de que sus condiciones persistan hasta el primer trimestre de 2027 y del 69 % de que alcance una intensidad “muy fuerte” entre octubre y diciembre de 2026. Ocho días después, el 21 de agosto, XM —el operador del sistema eléctrico— advirtió en su Boletín Energético que el sistema “requiere acciones inmediatas para preservar la confiabilidad en la atención de la demanda”.

El anuncio no describe una anomalía aislada. Coincide con una ola de calor que el propio IDEAM identificó en los primeros días de agosto: de 119 estaciones analizadas, 61 registraron aumentos consecutivos de la temperatura máxima frente a la climatología de referencia 1991-2020, con valores altos en municipios del Caribe, el Magdalena Medio y la Orinoquía, entre ellos Valledupar, Cúcuta, Riohacha, Montería y Neiva. En paralelo, los niveles de los ríos vienen descendiendo, sobre todo en la cuenca Magdalena-Cauca y el Caribe, y aumentan las condiciones favorables para incendios de la cobertura vegetal.

01Un fenómeno natural sobre una tendencia de fondo

Conviene separar dos cosas que suelen confundirse. El Niño es una variación natural del sistema océano-atmósfera del Pacífico tropical, que va y viene. El cambio climático es una tendencia de largo plazo. No son lo mismo, pero hoy se leen juntos, porque el episodio de El Niño ocurre dentro de un escenario regional que ya venía cambiando.

Ese escenario está medido. El informe de la OMM sobre el estado del clima en América Latina y el Caribe correspondiente a 2025 concluye que el período 1991-2025 presenta la tendencia de calentamiento más acelerada desde que existen registros regionales, iniciados en 1900. En América del Sur el aumento ronda los 0,26 °C por década. Durante 2025 se batieron marcas históricas: 52,7 °C en Mexicali (México), 44,8 °C en Mariscal Estigarribia (Paraguay) y 44 °C en Río de Janeiro.

El dato más relevante para la ingeniería, sin embargo, no es solo el calor. La OMM señala que en los últimos 50 años el régimen de lluvias de la región se ha vuelto más extremo: sequías más prolongadas que alternan con aguaceros más intensos. Para el norte de Sudamérica identifica además un aumento de las precipitaciones fuertes y menciona expresamente a Colombia. Es decir, la infraestructura no debe prepararse únicamente para más calor o para sequías: también para lluvias concentradas, crecientes y movimientos en masa, a veces con pocos meses de diferencia sobre un mismo territorio.

La infraestructura no debe prepararse únicamente para más calor o para sequías: también para lluvias concentradas y crecientes, a veces con pocos meses de diferencia sobre un mismo territorio.

02El agua, el punto donde el clima toca la energía

Si hay un lugar donde estas condiciones se vuelven tangibles para el país, es el agua, porque conecta el clima con la energía y con el abastecimiento urbano.

Menos lluvia no significa de manera automática una crisis: intervienen la capacidad de almacenamiento, la localización de los embalses, la operación del sistema, la demanda y la generación térmica. Lo que exige seguimiento no es tanto el nivel agregado como la velocidad a la que se repone el agua. Según XM, los embalses cerraron julio en el 79,99 % de su volumen útil —1,89 puntos por debajo de la senda de referencia de la CREG (81,88 %)— y el 11 de agosto habían bajado a 78,49 %, ya 3,95 puntos por debajo de la referencia. La señal más clara está en los aportes.

Los aportes hídricos se alejan de la media

Aportes al sistema como % de la media histórica · agregado nacional

Media histórica · 100 %
95,5%
ABR
76,6%
JUN
78,8%
JUL
59,9%
AGO*
*Agosto con corte al día 11. Con ello se completaron cuatro meses consecutivos por debajo del promedio. Fuente: XM.

A eso se suma una demanda que marca máximos. En su Boletín Energético del 21 de agosto, XM reportó récords de 262,67 GWh en un día y 12.529 MW de potencia, con un crecimiento del consumo cercano al 6,7 % anual. La coincidencia de demanda récord y aportes deficitarios obliga a recostarse en el parque térmico —XM ha estimado necesidades de generación térmica del orden de 95 GWh diarios— y explica su llamado a actuar de inmediato antes de que las reservas se deterioren de cara al período más intenso de El Niño. El 24 de agosto, el Gobierno anunció el Plan Energía YA, que destina $1,5 billones a dar liquidez a la cadena de pagos del sector durante lo que resta de 2026.

Una matriz eléctrica que depende del agua

Capacidad efectiva neta en operación, por tipo de generación

61%
28%
11%
Hidráulica 60,8 % Térmica 27,7 % Solar 10,6 % Otros 0,9 %
En julio, el 75,42 % de la generación provino de fuentes renovables y, dentro de ella, la hidráulica aportó el 87,18 %. Fuente: XM, listado de recursos de generación.

La razón por la que esto pesa tanto es estructural. Esa dependencia es la que ata la disponibilidad de agua a la seguridad energética, y la que explica que la respuesta no se limite a construir más embalses: también involucra capacidad de almacenamiento, diversificación de fuentes, operación coordinada, monitoreo hidrológico, seguridad en el suministro de combustibles, gestión de la demanda y planeación bajo distintos escenarios climáticos.

El agua potable enfrenta un reto paralelo. Desde mayo, ante la perspectiva de El Niño, el Ministerio de Vivienda emitió una circular con medidas preventivas frente a escenarios de estrés hídrico, reducción de caudales, deterioro de la calidad del agua y posibles racionamientos, con un llamado a los prestadores de acueducto, alcantarillado y aseo —en especial en los territorios históricamente más vulnerables— a reforzar sus planes.

03Del embalse a la carretera

El desafío no termina en los embalses. Una misma vía puede quedar expuesta a temperaturas mayores y, meses después, a lluvias intensas. Una obra en ladera obliga a considerar cambios en la humedad de los suelos y episodios de precipitación concentrada. Los sistemas de drenaje urbano tienen que responder a eventos que superan las condiciones habituales, mientras los acueductos deben mantener su operación durante períodos prolongados de menores caudales.

La política pública empezó a recoger esa realidad. En julio de 2026, el Ministerio de Transporte adoptó el primer Plan Integral de Gestión del Cambio Climático del sector, que incorpora criterios de adaptación en el desarrollo de infraestructura y reconoce los impactos del clima sobre carreteras, puertos, aeropuertos y vías férreas. El Departamento Nacional de Planeación, por su parte, dispone de lineamientos para incorporar desde la formulación de los proyectos el análisis de riesgo de desastres y criterios de adaptación, incluidos los específicos para infraestructura de acueducto, alcantarillado y tratamiento de aguas residuales.

La consecuencia práctica es que la discusión empieza antes de construir: revisar información climática e hidrológica actualizada, escenarios futuros, localización, vulnerabilidad, períodos de retorno, redundancias, mantenimiento y capacidad de recuperación a lo largo de todo el ciclo de vida de una obra.

04Los glaciares, el termómetro de la alta montaña

En la alta montaña el cambio también deja señales. La OMM estima que los glaciares andinos funcionan como una reserva de agua para cerca de 90 millones de personas en la región y advierte una pérdida acelerada de masa, incluidos los glaciares tropicales de Colombia y Ecuador.

Para el caso colombiano, el IDEAM calcula que durante los eventos de El Niño el derretimiento puede acelerarse hasta 2,4 veces frente a condiciones normales. El país pasó de 33,09 km² de área glaciar en 2022 a 30,8 km² en 2024, y bajo el escenario previsto para 2026-2027 podría perder alrededor de 1,5 km² adicionales, cerca del 5 % de la superficie que le queda.

Los glaciares no son la principal fuente de abastecimiento del país, y no conviene presentarlos así. Su retroceso es, más bien, un indicador especialmente sensible de las transformaciones que ocurren en los ecosistemas de alta montaña y de los ajustes que tendrá que incorporar la gestión del agua a largo plazo.

05Diseñar para un clima que ya no es el de los registros

Durante décadas, la ingeniería estableció las condiciones de diseño de una obra a partir de registros históricos. Esos registros siguen siendo indispensables, pero hoy el reto es complementarlos con información climática actualizada, análisis de vulnerabilidad y escenarios que contemplen condiciones distintas a las observadas en el pasado.

Eso cambia la pregunta. Ya no basta con verificar si una carretera, un puente, una red de drenaje, un acueducto o un sistema de generación cumple las condiciones para las que fue concebido. También hay que evaluar cómo seguirá funcionando frente a temperaturas más altas, sequías más largas, lluvias más intensas y una mayor variabilidad del agua.

Los datos que hoy entregan la OMM, el IDEAM y XM no describen únicamente un episodio meteorológico: son variables que empiezan a cruzarse con decisiones de planificación territorial, agua, energía e infraestructura. El primer examen de corto plazo tiene fecha: la ventana que va de septiembre de 2026 a comienzos de 2027, cuando El Niño alcanzaría su punto más intenso.

Fuentes

  • OMM — Estado del clima en América Latina y el Caribe 2025.
  • IDEAM — Actualización del fenómeno de El Niño (13 de agosto de 2026); ola de calor y seguimiento de glaciares.
  • XM — Boletín de embalses de julio de 2026, Boletín Energético N.º 356 (21 de agosto) y listado de recursos de generación.
  • Ministerio de Transporte, Ministerio de Vivienda, DNP y Ministerio de Minas y Energía (Plan Energía YA, 24 de agosto de 2026).