Durante el reciente encuentro del Viernes de Sinergia, organizado por la Comisión de Jóvenes de la Sociedad Colombiana de Ingenieros (SCI), la ingeniera Marelen Castillo —quien actualmente ejerce como representante a la Cámara— sostuvo una conversación productiva con los jóvenes ingenieros de la SCI sobre la importancia de actualizar los planes de estudio y reforzar la enseñanza en las materias básicas que sustentan el ejercicio profesional. También habló de la necesidad de integrar herramientas tecnológicas al proceso educativo y de formar profesionales con una sólida visión técnica, acompañada de valores éticos e interdisciplinarios, a partir de su experiencia en el ámbito académico, directivo y legislativo.

La ingeniera Marelen ha integrado su experiencia en ciencias básicas y en ingeniería industrial para reflexionar sobre la necesidad de reformar los programas educativos en ingeniería. Señaló que muchos currículos siguen siendo obsoletos porque no se adaptan a los avances tecnológicos, ni responden adecuadamente a las exigencias del mercado laboral y a las transformaciones de la sociedad.

“Hoy tenemos el conocimiento en la palma de la mano. La inteligencia artificial ha cambiado el paradigma: ya no se trata solo de resolver ecuaciones, sino de tomar decisiones informadas”, afirmó.

En la conversación se abordó la brecha entre el contenido académico universitario y las necesidades reales del mercado laboral. La ingeniera propuso implementar itinerarios educativos más flexibles, orientados al desarrollo de habilidades específicas en lugar de enfocarse únicamente en la obtención de un título. Esto permitiría a cada estudiante construir un perfil profesional más ajustado a los desafíos actuales del entorno laboral.

También advirtió sobre las barreras que enfrentan muchos jóvenes para acceder a carreras en ingeniería, debido a la baja calidad de la formación en ciencias básicas durante la educación primaria y secundaria. “Las matemáticas no deben asustar: deben formar. Esa es la base para construir pensamiento abstracto, tomar decisiones estratégicas y resolver problemas reales”, señaló.

En cuanto al papel del ingeniero en la sociedad, enfatizó la importancia de ir más allá de las habilidades técnicas y del dominio de fórmulas matemáticas, reconociendo el valor de las habilidades interpersonales como el liderazgo efectivo, el trabajo en equipo, la comunicación clara, el pensamiento ético y la perspectiva multidisciplinaria. Estas capacidades, como indicó desde su experiencia, resultan esenciales en contextos donde la adaptación y el cambio son constantes.

Propuso dejar de ver la inteligencia artificial como una amenaza y comenzar a integrarla como una herramienta aliada en los procesos cotidianos, especialmente en la educación. “No es tanto si el estudiante va a hacer uso de ella, sino cómo enseñamos la capacidad crítica para evaluar la información que se obtiene gracias a su uso”, afirmó. También resaltó la necesidad de formar docentes capaces de utilizar esta tecnología de forma significativa, con el fin de potenciar verdaderamente el aprendizaje.

Ingeniería en transformación:  7 líneas de acción desde la formación

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1. Actualizar los planes de estudio con enfoque contextualizado

Los programas deben superar estructuras rígidas e incorporar contenidos ajustados a los cambios tecnológicos, las realidades territoriales y las prioridades sociales. La ingeniería necesita responder con pertinencia a los retos que plantea el país.

2. Fortalecer la enseñanza de ciencias básicas desde la educación media

Las deficiencias en matemáticas, física y química limitan el acceso a la ingeniería y su permanencia. Es necesario intervenir desde la educación básica para consolidar habilidades analíticas que sirvan de base a la formación profesional.

3. Diseñar trayectorias académicas más flexibles

Cada estudiante debería tener la posibilidad de construir una ruta formativa que combine saberes técnicos y transversales, en función de su vocación, capacidades y campo de acción. Esto exige repensar los modelos curriculares tradicionales.

4. Vincular al sector productivo en el diseño curricular

La participación de empresas, gremios y actores del entorno económico permite identificar brechas reales entre formación y ejercicio profesional. Incluirlos en las mesas académicas mejora la pertinencia y aplicación de los contenidos.

5. Incorporar habilidades humanas como parte estructural del currículo

Liderar, trabajar en equipo, comunicar con claridad, tomar decisiones éticas y adaptarse a contextos cambiantes no puede seguir siendo una formación opcional. Estas competencias deben cultivarse desde el aula, de forma continua y transversal.

6. Formar en el uso crítico de tecnologías emergentes

El uso de inteligencia artificial, simuladores y otras herramientas digitales debe integrarse en el proceso formativo con sentido técnico y reflexión crítica. No se trata de usar por moda, sino de entender su función en la toma de decisiones y en la ingeniería aplicada.

7. Reforzar el enfoque social de la práctica ingenieril

El impacto que tienen los proyectos de ingeniería sobre las personas y los territorios obliga a formar profesionales conscientes de su rol en la transformación del entorno. El compromiso ético y la comprensión del contexto deben estar presentes desde la formación.

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