Se estima que para el año 2050 el 70 % de la población mundial vivirá en ciudades y que para 2060 el área construida global se duplicará. Estas proyecciones fueron expuestas por Ana Campos García, líder global en gestión de riesgo de desastres del Banco Mundial, en el panel “Evolución y tendencia de los códigos de construcción y su aplicabilidad” realizado durante el XXXIX Congreso Nacional de Ingeniería. El espacio también contó con la participación de José Joaquín Álvarez, miembro de la Junta Directiva de la SCI, y la moderación de Carlos Pinzón, director técnico de la agremiación.

Panorama global y retos para América Latina

Ana Campos García presentó los resultados de un estudio comparativo de códigos de construcción en 22 países, desarrollado con apoyo del Banco Mundial. La investigación reveló que, en regiones como África, aún se utilizan códigos de la época colonial, desactualizados y sin adaptación a condiciones climáticas actuales, lo que genera graves riesgos en contextos de urbanización acelerada. Frente a este panorama, destacó el caso de América Latina y, en particular, de Colombia, México, Chile, Perú y El Salvador, donde los marcos normativos muestran mayor cobertura y contenidos más integrales en materia de seguridad estructural, resiliencia, sostenibilidad y accesibilidad.

La experta añadió que Colombia se encuentra entre los países más avanzados en la región, aunque enfrenta el reto de incorporar con mayor rigor amenazas como inundaciones y ciclones tropicales en el diseño estructural. También señaló la necesidad de fortalecer los mecanismos de implementación y control, pues de poco sirve tener normas modernas si no se aplican con eficacia en la práctica.

La experiencia colombiana y la proliferación normativa

Por su parte, José Joaquín Álvarez hizo un recorrido histórico por la evolución normativa en Colombia, desde el código sísmico de 1984 hasta la actual NSR-10, resaltando el papel que ha tenido la SCI en su desarrollo. Explicó que, aunque el país cuenta con una normativa sismo-resistente sólida, existe una fragmentación excesiva: más de mil normas técnicas regulan aspectos de la construcción, muchas veces de forma duplicada o contradictoria.

Esta dispersión genera sobrecostos, incertidumbre jurídica y vacíos de control en procesos de licenciamiento. José Joaquín Álvarez planteó la urgencia de avanzar hacia un código de construcción unificado que consolide las disposiciones actuales, similar a modelos internacionales, e incluya aspectos como protección contra incendios, edificaciones existentes y mejoramiento de vivienda.

Innovación y herramientas emergentes

El panel también abordó el papel de la inteligencia artificial como herramienta para analizar, comparar y consolidar la gran cantidad de normativas existentes. Según Ana Campos García, esta tecnología podría reducir tiempos de análisis —un estudio que tomó 18 meses podría resolverse en semanas—, siempre y cuando se complemente con el criterio técnico de los ingenieros.

La discusión planteó ejemplos concretos: la falta de regulación sobre parqueaderos con vehículos eléctricos, la necesidad de adaptar códigos a la realidad del cambio climático y la importancia de que las normas sean aplicables a las condiciones y capacidades de cada país.

Formación, control y visión de futuro

Los panelistas coincidieron en que el avance no depende solo de producir nuevas normas, sino de enseñar y difundir conceptos normativos básicos, fortalecer la cultura de cumplimiento y mejorar los sistemas de verificación en obra. Asimismo, resaltaron que el futuro de los códigos debe pasar de proteger únicamente la vida y la propiedad, a garantizar la funcionalidad de las edificaciones críticas tras un evento extremo.

Entre las propuestas presentadas durante el panel se resaltó la necesidad de que Colombia debe consolidar un código de construcción integral, acompañado de mecanismos de control eficaces, formación permanente y adaptación al cambio climático. Solo así se logrará que la normatividad responda a la realidad del país y contribuya a reducir la vulnerabilidad de la población más expuesta.