En el marco del XXXIX Congreso Nacional de Ingeniería, se realizó la mesa redonda Ética y formación en ingeniería en Colombia, un espacio que reunió a voces de la academia, el gremio y los órganos de control profesional. El debate fue moderado por Luis Alberto González Araujo, director ejecutivo de ACOFI, y contó con la participación de Germán Pardo Albarracín (presidente de la UPADI), Rubén Darío Ochoa (director del COPNIA), Gabriel Carrasquilla Gutiérrez (presidente del Colegio Máximo de las Academias), Mauricio Soler Leal (presidente de la Red Universitaria de Risaralda) y Fabián Torres (docente de la Universidad Tecnológica de Pereira).

Desde el inicio, los panelistas coincidieron en que la ética no puede limitarse a una asignatura dentro del plan de estudios, sino que debe asumirse como un principio de vida que comienza en la familia, se fortalece en la universidad y se confirma en el ejercicio profesional.

El presidente de la UPADI, Germán Pardo, destacó que la ingeniería colombiana ha alcanzado reconocimiento internacional, pero advirtió que ese logro solo podrá sostenerse si se refuerza la formación humanística y el pensamiento crítico. “Un ingeniero no solo calcula; también debe argumentar y asumir las consecuencias de sus actos”, afirmó, en alusión a la necesidad de equilibrar lo técnico con la responsabilidad social.

Desde el COPNIA, Rubén Darío Ochoa explicó que uno de los principales retos es diferenciar los errores técnicos de las faltas éticas, que requieren sanción rigurosa. Recordó que en los tribunales de ética no solo está en juego la reputación de un profesional, sino la confianza de toda la sociedad en la ingeniería. “La obra que se hace con ética es la más barata”, resumió, al señalar que los atajos terminan costando más en el largo plazo.

Por su parte, el presidente del Colegio Máximo de las Academias, Gabriel Carrasquilla, llevó la reflexión a un plano más amplio al subrayar que Colombia atraviesa una crisis ética que afecta a todas las profesiones. Retomando los principios de la bioética aplicables a la ingeniería —autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia—, advirtió sobre los riesgos de la corrupción, que describió como un proceso de desensibilización progresiva frente a los valores.

El debate también incorporó la mirada de la psicología. Mauricio Soler, presidente de la Red Universitaria de Risaralda, insistió en que el papel de las universidades no es únicamente formar profesionales, sino personas. Criticó la pérdida del concepto de “culpa” en la sociedad y llamó a humanizar las aulas y las organizaciones. “Primero formamos personas, luego profesionales”, dijo al referirse a la necesidad de cultivar habilidades humanas junto a las competencias técnicas.

La innovación tecnológica fue otro de los ejes. Fabián Torres, docente de la Universidad Tecnológica de Pereira, señaló que la inteligencia artificial es hoy un punto de inflexión comparable al que significó el internet hace dos décadas. Aseguró que quien no se adapte a esta transformación en los próximos cinco años quedará rezagado. Su facultad, explicó, ha implementado proyectos que integran ética, datos y nuevas tecnologías, con resultados medibles en el desempeño estudiantil.

En el panel también se presentaron cifras que refuerzan la discusión. El COPNIA reportó que 214 ingenieros colombianos ya han homologado sus títulos en Portugal y trabajan en ese país, mientras que Alemania, Perú, Chile y México han mostrado interés en recibir talento colombiano. Por su parte, la Facultad de Ingeniería de la UTP mantiene 3.769 estudiantes y ha logrado mejorar en 90 puntos los resultados de aspirantes gracias a proyectos que combinan formación ética e innovación tecnológica.

El cierre del panel dejó un mensaje común: la ética en ingeniería no es un curso de relleno, sino la voluntad permanente de hacer lo correcto en cada decisión profesional. Una convicción que, según los participantes, debe acompañar a los ingenieros colombianos en su formación, en el aula, en la práctica laboral y en la vida cotidiana.