En el XXXIX Congreso Nacional de Ingeniería, realizado en el campus de la Universidad Tecnológica de Pereira, se desarrolló el panel “Retos y oportunidades de la transición energética”, con la participación de Edwin Posada (experto internacional en proyectos energéticos), Amat Zuluaga (Observatorio de Transición Energética del Caribe – OTEC, Fundación Universitaria del Área Andina) y Fabio Alberto Salazar (gerente de la Empresa de Energía del Quindío). La moderación estuvo a cargo de Alexander Molina, decano de Ingeniería Eléctrica de la UTP.
Eficiencia energética con contratos de desempeño
Edwin Posada presentó la experiencia francesa de contratos de rendimiento energético para grandes edificaciones, en los que el operador se compromete a metas de ahorro y comparte riesgos y beneficios con el propietario. El consumo objetivo se ajusta por grados-día y la diferencia entre el consumo observado y el teórico define primas o penalidades. En el ejemplo expuesto, estos esquemas pueden generar ahorros cercanos a $40 millones/año para el operador, además de acelerar mantenimientos y la gestión activa de equipos. También destacó el etiquetado energético obligatorio de inmuebles y licitaciones de operación a 20 años (que pueden tardar hasta cinco años en estructurarse) como instrumentos para ordenar el mercado y fomentar medición rigurosa.
Cultura de uso y medición en tiempo real
Desde la perspectiva de servicio público, Fabio Alberto Salazar enfatizó que el mayor reto es cultural: traducir el discurso técnico en decisiones cotidianas del usuario. La Empresa de Energía del Quindío ejecuta un piloto de medición inteligente en Salento con cobertura cercana al 60% del municipio, que permite a hogares y comercios leer su consumo por hora y ajustar hábitos. Señaló una barrera regulatoria: hoy el costo del medidor inteligente no puede trasladarse al usuario, lo que frena su masificación pese a sus beneficios.
Soberanía tecnológica y huella mineral
Amat Zuluaga advirtió que la transición basada en solar y eólica depende de minerales críticos y cadenas fósiles a lo largo del ciclo de vida de equipos. Presentó el Atlas de la Huella Mineral de la Transición, que estima cuellos de botella si los países cumplieran metas a 2050. Un ejemplo: para electrificar el transporte, la demanda de litio de Colombia competiría con una fracción relevante de la producción mundial actual, lo que expone riesgos de dependencia tecnológica y geopolítica. Propuso encadenamientos productivos: conocimiento geológico, procesamiento de minerales, manufactura local de componentes y generación con costos competitivos, con regiones como Cesár y La Guajira como polos industriales y logísticos.
Red eléctrica y límites de la intermitencia
El panel coincidió en que la transición exige ampliar y modernizar la red para permitir el ingreso de nueva generación. Fabio Alberto Salazar recordó que un parque fotovoltaico entrega, en promedio, 4,5 horas equivalentes de producción diaria, por lo que su aporte debe complementarse con hidroenergía, microcentrales y almacenamiento, además de resolver restricciones de transmisión desde zonas como La Guajira. La discusión centró el problema en reducir emisiones más que en escoger una fuente específica: eficiencia en transporte, captura de carbono y almacenamiento diversificado aparecen como rutas técnicas para sostener confiabilidad y competitividad.
Oportunidades para la ingeniería
Los panelistas señalaron oportunidades inmediatas para firmas y profesionales en:
- Auditorías y contratos de desempeño en edificios nuevos y existentes.
- Diseño e implementación de AMI y analítica de datos para gestión de demanda.
- Refuerzo y expansión de redes, conexión de renovables y soluciones de flexibilidad.
- Cadenas minero-industriales asociadas a tecnologías de transición (procesamiento, materiales, manufactura de componentes).
Los panelistas coincidieron en que alinear eficiencia, infraestructura, enseñanza de conceptos energéticos básicos a la comunidad y producción local —medir mejor, operar mejor y producir más cerca de donde se consume— permitirá que la transición energética en Colombia avance con seguridad operativa, costos controlados y menor dependencia externa.







