Entre el 13 y el 15 de mayo de 2026, la sede Julio Garavito Armero de la Sociedad Colombiana de Ingenieros fue el escenario de una discusión que el país lleva tiempo necesitando. El XXVI Seminario Nacional de Hidráulica e Hidrología convocó a investigadores, operadores del sistema hídrico, entidades públicas y representantes de más de 20 universidades alrededor de un mismo propósito: entender con rigor técnico lo que está ocurriendo con el agua en Colombia, y trazar rutas concretas para enfrentarlo.
En tres días de sesiones simultáneas en dos salas, el encuentro reunió 52 conferencias organizadas en 9 ejes temáticos, que abarcaron desde la mecánica de fluidos y la hidrología superficial hasta el cambio climático, la gestión comunitaria del agua y las soluciones basadas en la naturaleza.
Y aunque los problemas son de escala nacional, las respuestas llegaron desde todos los rincones del país: modelos hidrológicos aplicados a cuencas específicas, sistemas de captación rural, metodologías de priorización para acueductos en municipios sin recursos, cartillas técnicas para drenaje vial, índices de evaluación fluvial, prototipos de purificación con energía solar, soluciones basadas en la naturaleza para protección de orillas. El seminario dejó en evidencia que el conocimiento técnico existe — el reto es que llegue a las decisiones.
Bogotá, el clima y la fragilidad de un sistema
El racionamiento de 2024 fue el punto de partida que nadie dejó de mencionar. El sistema Chingaza abastece cerca del 70% del agua que consume Bogotá, y los meses críticos de ese año dejaron en evidencia que una ciudad de millones de personas no puede depender de una sola fuente en un contexto de variabilidad climática creciente.
Diego Germán Montero, gerente corporativo del Sistema Maestro de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), expuso la estrategia de seguridad hídrica de la ciudad, articulada sobre la modelación de alternativas de abastecimiento, la gobernanza del agua y la conservación de las cuencas. Una respuesta de fondo para una metrópoli que ya no puede asumir la estabilidad hidrológica como punto de partida.
Desde la academia, investigadores de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y de la Universidad de Antioquia presentaron modelos de oferta y demanda de agua potable en Bogotá bajo escenarios de variabilidad y cambio climático, mientras la Universidad Nacional aportó una caracterización de las sequías en la ciudad y sus cuencas abastecedoras. La conclusión es incómoda pero compartida: las infraestructuras actuales fueron diseñadas con supuestos de estabilidad que el nuevo clima ya está invalidando.
Energía e hidrología: un mismo sistema
El seminario dejó claro que el agua y la energía eléctrica en Colombia no se pueden pensar por separado. Emma Maribel, del Centro Nacional de Despacho (CND) de XM, expuso cómo la variabilidad climática incide directamente en la generación hidroeléctrica y, por tanto, en la confiabilidad del Sistema Interconectado Nacional. Cuando llega un fenómeno como El Niño, la sustitución de generación hidráulica por térmica tiene un costo y un límite, y los operadores necesitan información hidrológica oportuna para decidir en tiempo real.
En esa misma línea, el profesor Edder Alexander Velandia Durán, de la Universidad de La Salle, planteó una pregunta que abrió debate: ¿por qué los acueductos del país no producen energía eléctrica? Su ponencia mostró que la oportunidad existe y que la separación entre el mundo del agua y el de la energía le ha costado al sector eficiencias valiosas.
Inundaciones urbanas: el problema no es solo la lluvia
Uno de los momentos más recordados fue la conferencia de Arlex Toro Rodríguez, director ejecutivo de la Asociación Latinoamericana de Tecnologías Sin Zanja (LAMSTT), que desarmó la narrativa que se repite cada vez que una ciudad se inunda: la culpa de la lluvia.
«Cuando se inunda, ¿qué es lo primero que decimos? Se inundó, ¿por qué? Porque llovió mucho», señaló. «Pero el problema está en el sistema del drenaje.»
Su recorrido por el alcantarillado colombiano fue concreto: tuberías diseñadas para cargas de hace décadas, redes que colapsan con lluvias moderadas, conexiones erradas, gases corrosivos que destruyen el concreto desde adentro. Oscar Efrén Ospina Zúñiga, de la Universidad Cooperativa de Colombia, complementó el panorama con un análisis de los riesgos ambientales por deficiencias ingenieriles que rara vez aparecen en los titulares pero condicionan la vida de millones.
Grandes sistemas: Canal del Dique y La Mojana
Dos de las intervenciones hídricas más complejas del país tuvieron su espacio en el seminario.
Jorge Alberto Escobar Vargas, de SACYR, presentó el proyecto de restauración del ecosistema integrado del Canal del Dique. El canal, construido en el siglo XVI para conectar Cartagena con el río Magdalena, ha acumulado cinco siglos de intervenciones que alteraron su dinámica natural. El proyecto contempla regular los caudales de entrada, controlar sedimentos, recuperar las bahías de Cartagena y Barbacoas y restaurar la conectividad de las ciénagas. Con el sistema operando, el caudal promedio que llega a Cartagena pasará de más de 1.550 metros cúbicos por segundo a 280.
Lilian del Socorro Posada García, docente de la Universidad Nacional sede Medellín, planteó uno de los debates más profundos del encuentro sobre la restauración de La Mojana. Su argumento fue geomorfológico y contundente: La Mojana es, estructuralmente, un delta interior, y un delta no se puede taponar. «El mensaje de toda esta intervención es cómo hacer para que ese delta siga funcionando como delta, porque no lo podemos taponar. Y cómo hacer que las comunidades todavía sobrevivan en ese espacio», explicó. Tras más de veinte años de inundaciones recurrentes, la conferencia fue una invitación a cambiar el marco conceptual antes de seguir invirtiendo en soluciones que el sistema natural termina desbordando.
Tecnología al servicio del agua
Una de las señales más claras del seminario fue que la tecnología ya no es el futuro de la gestión hídrica: es el presente. Varias ponencias mostraron cómo la inteligencia artificial, los gemelos digitales, la observación satelital y la automatización están cambiando la forma en que se monitorea y opera el recurso hídrico en Colombia.
Daniel Humberto Gil, de la Universidad de La Sabana, presentó el uso de redes neuronales convolucionales para mejorar la proyección de precipitaciones extremas bajo escenarios de cambio climático, una herramienta para refinar los escenarios futuros en regiones donde los modelos globales pierden resolución. Gabriel José Manjarrés Herrera, de la Universidad del Magdalena, expuso la implementación de un gemelo digital hidráulico con control por lógica difusa para gestionar el cloro residual en redes de distribución, convirtiendo la operación reactiva en una gestión basada en datos. Y desde la Universidad de Cundinamarca, Daniel Steeven Urrea presentó un sistema inteligente de monitoreo y control para optimizar el uso del agua en viveros agroproductivos del Sumapaz: sensores de humedad, temperatura y conductividad y un riego automatizado que reduce el consumo entre un 30 y un 40%, llevando la metrología al campo.
Desde el IDEAM, Fabio Andrés Bernal Quiroga, subdirector de Hidrología, presentó los avances del instituto en sensores remotos para aplicaciones hidrológicas. La ponencia mostró cómo la combinación de imágenes ópticas y radar permite hoy seguir casi en tiempo real la extensión de áreas inundadas y el comportamiento de sistemas como La Mojana. El mensaje institucional fue claro: esa información ya existe y debe integrarse a las decisiones territoriales.
Del páramo al río Baudó: la ingeniería en el territorio
El seminario también fue un espacio para soluciones aplicadas. Investigadores de la Universidad Nacional presentaron un modelo sobre la influencia de la precipitación horizontal y los briófitos en la oferta hídrica de los páramos, mientras equipos de la Universidad Distrital y la Universidad de Cundinamarca mostraron sistemas de captación de agua lluvia y de bombeo y potabilización para comunidades de Boyacá y el Sumapaz.
El tercer día cerró con una ponencia que salió de los modelos para hablar de territorio: la primera expedición técnico-científica del río Baudó, presentada por Robert Luis Narváez Hernández y Andrés Mauricio Arrieta Echinique. El río Baudó, en el Chocó, es uno de los sistemas hídricos menos documentados del país. La expedición, sintetizada en un libro, fue un llamado a entender que Colombia tiene agua —mucha— y que conocerla bien es el primer paso para protegerla.
Conclusiones del XXVI SNHH2026
- La seguridad hídrica de las ciudades no puede depender de una sola fuente. El caso de Bogotá evidenció que las infraestructuras de abastecimiento fueron diseñadas bajo supuestos de estabilidad climática que ya no son válidos. Diversificar fuentes y anticipar escenarios con modelos predictivos es una necesidad urgente, no un ejercicio de largo plazo.
- El agua y la energía son parte del mismo sistema. La dependencia del Sistema Interconectado Nacional de la generación hidroeléctrica hace que la hidrología sea también un asunto de seguridad energética. Eso exige canales de información más robustos entre operadores eléctricos, hidrólogos e instituciones como el IDEAM.
- Las inundaciones urbanas tienen causas estructurales que van más allá de la lluvia. El envejecimiento de redes, los diseños desactualizados y la densificación no planificada son factores que la ingeniería puede resolver, pero que requieren decisión institucional sostenida.
- Los grandes sistemas hídricos deben entenderse en su lógica natural antes de intervenirse. Las décadas de intervenciones fallidas en La Mojana muestran que, sin un marco conceptual correcto, la inversión en infraestructura puede agravar el problema que busca resolver.
- Colombia tiene capacidad técnica instalada para enfrentar sus retos hídricos. Las 52 conferencias mostraron una comunidad activa, con herramientas desarrolladas en el país y propuestas para todas las escalas: desde acueductos rurales hasta inteligencia artificial aplicada al clima. El desafío no es solo técnico: es de articulación entre el conocimiento disponible y las decisiones de política pública.







